Cuando observamos alguna artesanía sea cual fuese su técnica, forma o material encontramos la típica leyenda que dice “Recuerdo del Paraguay”, y sin pensar o detenerse al menos por un instante en analizar esa pequeña frase, que para muchos, significa solo eso, un recuerdo, algo que generalmente obsequiamos al viajante para que nos rememore en la distancia, y así al menos permanecer inmortales en la memoria  de quien nos visitó alguna vez.

Esa es la esencia del recuerdo, mantenerlo vivo en la memoria a través de objetos, cosas o situaciones, siempre los recuerdos serán nostálgicos pero en el fondo tendrán una dosis de alegría de los momentos gratos vividos ayer.

Hoy nos encontramos observando en vivo los recuerdos del futuro, con pesar vemos y leemos en las noticias como va desapareciendo nuestra flora, pero también nos enteramos con alegría que un grupo de valientes “Quijotes” trata de salvar nuestra inconciencia y nuestro honor, con una campaña titánica de replantar miles de árboles en el Paraguay. 

Pero esto no debería ser labor  de unos pocos, hay personas que se han beneficiado y siguen beneficiándose con un recurso natural no renovable, y que a pesar nuestro, nos están transformado junto a nuestra herencia, en ignorantes depredadores saurios. Ellos deberían tener la obligación moral –al menos- en ser los primeros en salvaguardar nuestro futuro.

Quizá –y espero que no sea así- estamos frente a los nuevos recuerdos del Paraguay, una visión casi fantasmal de un futuro presente del cual no quiero ser espectador y sentir que en los pulmones de mis hijas, faltarán gramos de oxigeno cada día.

Tampoco quiero asistir al remate del último árbol del Paraguay –como en la canción de Rubén Blades, ese panameño genial que escribió “Naturaleza muerta”, donde cuenta como se lleva a cabo el remate del último árbol de Brasil, venta que se materializa para cancelar la deuda externa de aquel país-, quizá una visión apocalíptica tan real, y que sucede a cada minuto “sin que podamos hacer nada”, esta muestra no pretende dar clases de pensamiento formativo sino mostrar una visión artística  y particular – Los paisajes están diseñados en forma geométrica y un sutil surrealismo fantástico, estos elementos son utilizados como una herramienta y casi una excusa para denunciar la forma irracional…-, de cómo ya se están desarrollando los acontecimientos medioambientales en nuestro país. 

Ojala que las postales del futuro sigan siendo de recuerdos presentes de nuestra majestuosa vegetación, y no de “recuerdos” de lo que ya no existe.

Esta muestra está dedicada a todos los que amamos la naturaleza y un pequeño homenaje a las geniales líneas hechas por Livio Abramo, un hombre que sin lugar a dudas, amó al Paraguay y a su naturaleza sin pudor, como muchos de los extranjeros que habitamos este transparente cielo azul como ninguno… Louis Amstrong materializó en una sublime canción un pensamiento diario para nuestros hijos, “Que mundo hermoso es este”.

Asunción, 8 de septiembre de 2009.-

Presentación del Autor

Gustavo Rodríguez Jara

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